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Archivo de la etiqueta: Relatos asombrosos

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Etéreo

Mi nombre es Rafa y en ocasiones desaparezco. Solo sé de mi, mi nombre, y que tal vez mañana al levantarme no recuerde ni eso. No consigo recordar nada más. No sé si tengo familia o si alguna vez he tenido una vida.

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click.

CLICK

Siempre fui un tipo con suerte. Desde joven poseí el don del acierto, y la suerte no me ha abandonado nunca desde entonces. Jamás he dudado en mis apuestas y siempre he salido airoso de ellas. El azar me ha reportado una vida sin aprietos, llena de lujos, que la mayoría de gente ni tan siquiera puede llegar a soñar.

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La anciana.

Eupherne “La Etêrna”

¡Ehh, joven!…

Aquella llamada le hizo girar sobre sus propios pasos. A escasos metros una sombra se protegía el rostro, por su voz era una mujer de edad avanzada. Marius pensó que necesitaba ayuda de alguna clase, y presto, se ofreció a ayudarla. Leer Más »

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Primer pecado

Solo vivía para disfrutar del sexo, salía cada mañana en busca de alguien con quien saciar su sed de… ¿amor? Lo había probado todo, o casi. Sadismo, orgías, masoquismo, zoofilia… había tenido sexo con animales, hombres y mujeres, ancianos y no “tan ancianos” sus amantes habían sido de todas las razas posibles y ahora estaba a punto de cruzar la última frontera…

 

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crecepelos

  

El crecepelos

 

 

Mario, estaba obsesionado por su calvicie. Cada mañana se miraba en el espejo y recibía un dardo en el corazón por cada pelo que veía muerto en el lavabo o atrapado sin remisión en el peine de púas especiales para no dañar su escasa cabellera. Leer Más »

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Mi vida, después de mi vida

Sé que no es lícito escribir cuando uno está muerto y quizás me condenen por  ello. Siempre fui un alma intranquila y ahora, a un par de metros bajo tierra, además de intranquila la tengo a la pobre soberanamente aburrida. Os agradezco enormemente el detalle de enterrarme con mi pluma y un cuaderno a estrenar de mi marca favorita, de esos de alambre ancho en los que no se encasquillan las hojas al pasarlas. Podría decir que os estaré eternamente agradecido, literalmente. Leer Más »

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Otro sueño de una noche de verano

Os voy a contar una historia que me sucedió hace unos quince años. Jamás se la conté a nadie porque ni yo mismo tengo la convicción de si sucedió en realidad o tan solo fue el sueño de una noche de verano. Era  agosto. Yo tendría unos dieciocho años y recuerdo nítidamente que aquella noche  algo me hizo  presentir que sería diferente. Leer Más »

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 Linazas y Trementinas

Abel es un tipo normal, a sus cuarenta años el arte todavía corre por sus venas, pero hace ya bastante tiempo que renunció a sus sueños artísticos. Ya no quedan capillas sixtinas libres para pintores sin padrinos adinerados. Pero éste hecho, el saberse uno más del montón nunca fue para Abel una decepción, porque la vida anestésica de bares y caricaturas se ocupó desde que era bien joven de prepararle para ese fatídico momento. Leer Más »

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