Señor, dame castidad y dominio de mí mismo, pero todavía no
(Oración del joven san Agustín)
Tocamos hoy un tema delicado que posiblemente exaltará a más de uno, pero las cosas son como son y así se las contamos. La iglesia ha librado siempre una batalla con su propio personal corroído por el vicio en la que ha llevado todas las de perder. El problema ha sido que en muchos casos las transgresiones de la política oficial comenzaban en la cúspide.























