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ESO

El hálito helado que osciló desde los pasillos exteriores me hizo estremecerme. Eran las 23:13, estaba en la guardia del hospital más cercano al que llegué. Ni siquiera sabía el nombre. El punzante dolor de cabeza que me despertó, también me obligó a correr desesperadamente  por las calles hasta llegar allí.

Había dos personas más esperando: un anciano de frente amplia y nariz angulosa que tosía violentamente, y dejaba sangre en el resquicio de sus labios; y una mujer embarazada que lloraba de forma melodramática. Los dos me advirtieron cuando llegué, y el hombre se movió y me cedió un poco de espacio para sentarme. Saludé con la mano, y me respondieron el gesto con la cabeza.

Esperé diez largos minutos hasta que un ruido electrizante, metálico y ensordecedor vibró hasta alcanzar la sala de espera.

La mujer dio un respingo y cayó al suelo. Me levanté y le otorgué mi mano para sostenerse, pero no me prestó atención. Cuando quise retornar a mi lugar le rocé el vientre vultuoso, y ella soltó un grito de terror que se ahogó en su garganta. Murmuró algo como “lo siento, no me toques” o “¿lo sientes? No lo toques”. No alcancé a advertir el tono de la voz, pero su rostro gesticulaba miedo e ira. Me disculpé y bajé la mirada. El anciano arqueó una ceja y tosió otra vez.

23:26 hrs. La sala era simétrica, pequeña y húmeda. Las tuberías que se agitaban  despedían gotas de agua y teñían de aureolas oxidadas  la pared. Era fría, oscura, poco higiénica para ser un hospital. Las cortinas se extendían a lo largo del pasillo que conectaba la sala de espera con la administración, y se blandían zigzagueantes por el viento.

Una luz parpadeó y se filtró por debajo de la puerta. Una sombra se colocó delante y la abrió.

El doctor era un muchacho joven, supuse que tendría unos treinta años. Era alto y tenía una mirada azul profunda, acompañada de una sonrisa completa y unos hoyuelos en la mejilla. Invitó a pasar al anciano, y nos preguntó si estábamos con urgencia. Nos miramos, yo y la mujer, y asentimos con la cabeza. Confirmó con los ojos la angustia de la mujer, y comentó que no había nadie más en el hospital.

Entró el doctor con el anciano.

23:29 hrs. Jugaba con un papel que tenía en el bolsillo, lo envolvía y lo desenvolvía.  La mujer trazaba con sus uñas embadurnadas, una cruz sobre su estomago. Los párpados hinchados le cubrían los ojos, y una sonrisa temblorosa le atravesaba la boca. Por momentos sus suspiros se transformaban en palabras: “Sí… eso” “No es posible…”.

23:33 hrs. La mujer se levantó y caminó por el pasillo hasta administración y volvió. Tenía aspecto de frenética, el cabello revuelto y la ropa desgastada, sucia.

Hiló una frase en la soledad del pasillo: “Lo mío es grave lo de ellos no. Maldición” Solté el papel, lo dejé caer. Pensé en preguntarle si estaba bien, pero simplemente no lo hice. Tuve… ¿miedo? ¡NO! Solo la dejé que hablara sola.

23:39 hrs. Salió el doctor con el anciano. Le ordenó que se quedara allí esperando para luego hacerles los análisis. Invitó a que entrara la mujer, que estaba sentada, susurrando cosas inentendibles.

El hombre se sentó a mi lado y sacó un pañuelo ensangrentado. Tosía secamente, como hendiendo sus pulmones. Recuerdo que no me habló, solo me oteó con el rabillo del ojo.

Era misterioso, tenía aspecto de desagrado. Yo, no esperaba que salga el médico y la mujer, pero tenía el presentimiento de que iban a tardar.

23:44 hrs. La molestia que se expandía desde mis sienes, emitía un dolor eléctrico a mi cabeza. El movimiento radial de las agujas del reloj era infinito, extenso… morboso.

Una gota de sangre me brotó de la nariz. Emergió de mi garganta una arcada, y saboreé el gusto de bilis.

23:48 hrs. “¡Ayúdeme por favor!” el grito resonó en mis oídos. La mujer le exigía al doctor su atención. “Debe tranquilizarse señorita, debe… esperar a que llegue su obstetra” “¡¿Tranquilizarme, YO?! Usted no me entiende… voy a morir, a morir… A MORIR… muerta, sí, bien muerta. TODOS, ¡Sí!” “Señora…” y no escuché lo que decía, el dolor de cabeza me nubló la mente.

“Es mi bebé… es ESO” “¿Está segura?” “Sí, es mi bebé. Está muerto. Y lo voy a parir a ÉL, al mismísimo…” Me paré, para ver si caminando se me iba el dolor. Conseguí marearme y vomitar en el piso, quise disculparme pero no pude.

“¡Ayúdeme! Está dentro mío, y va a vivir en el cuerpo de mí bebé…” “SEÑORA… SEÑORA, ESTÁ SANGRANDO SEÑORA”  Por último vi al anciano, que me veía asustado… asustado o impresionado.

23:56 hrs. Estaba oscuro, lúgubre, frío. Los rayos de luz solar se filtraban por el resquicio de la ventana. La humedad construía goteras en el techo, y una me cayó en la mejilla.

Me paré atónito. No sabía en donde estaba. Ni porque llegué allí. Estaba en la enfermería, o en un consultorio.

Caminé por un pasillo que conectaba la administración con la sala de atención. No había nadie. Atravesé el umbral y llegué al cuarto de radiología. Una luz de neón dibujaba mi silueta en la pared.

23:59 hrs. Seguí el rumbo hasta el patio exterior, y de allí se abrían tres posibilidades. Dos me llevaban hasta la salida, y la otra a la sala de espera. Corrí hasta una esquina, y vi aureolas de sangre negra.

Perseguí las manchas y llegué… ahí me vi.

00:00 hrs. No era como ver mi reflejo, ni como observarme en una foto. Era más vívido, real. Era horroroso. Estaba allí, mi… cuerpo, estaba tieso, pálido, tirado en el piso. Con los ojos desorbitados, pero sin expresar nada. Lloré, de alguna manera, por ver mi cuerpo muerto y no sentirme parte de él. Temblé y grité, pero ya no podía hacer nada más.

00:10 hrs. Las puertas y las ventanas estaban bloqueadas, no hallaba salida. Recorrí el hospital por la periferia y no encontré a nadie. Tenía las lágrimas congeladas en el rostro, las manos blancas y duras como garras.

Empezaba a sentir la diferencia entre estar vivo y muerto: no me latía el corazón, no necesitaba respirar.

00:17 hrs. Crucé el laberinto de cortinas y llegué a la sala de espera.  Tampoco había rastro de personas… agudicé el oído y sentí una respiración sobre mi hombro. Me di vuelta y observé una mancha ocre que flotaba en el aire. Se expandía y se contraía autómata.

El movimiento me hizo asimilarlo a una respiración… o tos. “¡El anciano!” memoricé en un destello su rostro. Era él, o una parte… esa mancha le pertenecía. Era su parte muerta. Su cáncer.

00:20 hrs. Por fin entendía que estaba muerto… preferí llamarlo “estoy sin vida”. Entré en pánico y me abalancé sobre el pasillo. A lo lejos, una luz fugaz cruzó perpendicularmente. La seguí y cuando me concentré en la figura, denoté un aura blanca sobre una bola brillante que levitaba.

00:24 hrs. Era la mujer embarazada. Sí. Podía ver su aura, y también la del bebé. Me acerqué, y conseguí ver sus manitas suaves. Observé sus pies pequeños. El cordón umbilical estaba conectado… su cuerpo permanecía desnudo y frágil. Levanté la mirada, hacia su rostro, y…

00:30 hrs. Golpeé los vidrios con mi mano. Estaba desesperado, inmóvil del terror. Pensé e intenté mil formas para escaparme, pero estaba enclaustrado junto a mi cuerpo, en ese hospital.

Me rendí, y caí de rodillas. Sólo pude rezar. Rezar, eso.

En lo profundo de mi mente sabía que no me serviría, que nunca quise creer en Dios. Era el más fuerte y convencido de los ateos. Sin embargo recé, recé para tener esperanza.

Tenía miedo, pero no por el hecho de estar muerto, sino porque estaba allí, junto a lo que ocultaba el vientre de la mujer… junto a eso.

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Relato cedido a Tejiendo el Mundo por Francisco Rapalo (Derechos reservados por el autor)

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ARCHIVO DE RELATOS DE T.E.M

  1. Muy espeluznante, me recuerda a una pelicula de terror pero no recuerdo el nombre, pero trataba de que una embarazada sufre un accidente automolistico, el bebé está casi muerto, los doctores dicen que lo aborten porque el bebé tiene muerte cerebral, la boba madre se niega, y de algun “milagro” (yo no lo llamaria milagro), el bebé revive pero ya no es el mismo que su madre conoció sino que es un monstruo dentro de ella. Me dió tremendo repelús.
    Saludos.

  2. Me ha gustado mucho, no solo el “despertar” a ese estado de muerte del protagonista, tambien la inquietud ante sus nuevos miedos, como el mal rollo que da el bebe.
    Un abrazo

  3. ¡Valla!
    Este relato te deja imaginando cosas que ponen la piel de gallina… Es fantastico!
    Uno ya esta muerto y da lo mismo lo que pase con el resto del mundo…Lo digo por el bebe.
    Pero eso de quedar atrapado junto a tu cadaver…
    Un beso desde el infierno jejejejeje

  4. vaya
    yo tambien me pondria asi si… viera a ESO

  5. aquella imagen impresiona tanto que lo vez durante todo un dia y lo sueñas una vez dentro de la semana :P

  6. No es por ponerme quisquilloso, pero la calidad, no ya literaria, sino lingüística, deja bastante que desear, la verdad. Para muestra, un de botón: “El hálito (¿aliento?¿brisa?¿vapor?) helado que osciló (¿se movió como lo hace un péndulo?¿varió en intensidad o tamaño?)desde los pasillos exteriores me hizo estremecerme” (¿para qué tanto ‘me’?¿no sería mejor decir simplemente ‘me estremeció’?). Y eso en la primera frase del texto…

  7. Quise decir ‘un botón’, no ‘un de botón’.

  8. Paco, soy el autor del cuento. Acepto tu crítica, la entiendo. Quizás no interpretaste la imágen que quice crear, o yo no la creé. En cuanto a tu “(¿para qué tanto ‘me’?¿no sería mejor decir simplemente ‘ME estremeció’?)” vuelves a decir el pronombre… entiendo que queda demaciado posesivo, pero redacta una buena crítica. Saludos, Fran.

  9. Pues la vdd no me gusto mucho no es muy espeluznante y las palabras que uso el autor no son fuertes para mi te amo octavio arias !!! E.S.T 137

  10. me gusto es genial tener razón después de morir pero estar frente a la reencarnacion del mal vaya

  11. esta como para llevarlo al cine muy bueno

  12. IM-PRE-SIO-NAN-TE!
    me encantó como creaste la imagen de un hospital tan decadente y le asignaste una historia tan atrapante y escalofriante. Los personajes eran sombríos y el ente maligno, la forma en que introdujiste al protagonista en su deceso, todo fue genial!.
    Eso si, si me permites una pequeña observación: cuando introduces un diálogo deberías presentarlo como tal, en la discusión entre la mujer embrazada y el doctor casi me confundí, lo releí para confirmar cual era la linea de cada personaje. Pero el resto estuvo excelente, sos un gran narrador!
    Saludos desde Uruguay


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