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La matanza de Puerto Hurraco

Entre hombres y mujeres reina una calma apacible y serena, en un pueblo en el que se conocen todos, al final de una jornada de asueto. Pero la tranquilidad aparente oculta viejas desavenencias entre dos familias: los Cabanillas, conocidos como los Amadeos, y los Izquierdo, a los que llamaban los Patapelás.
Puerto Hurraco vive de la aceituna, el grano, el cerdo y la oveja. Ha estado durante mucho tiempo en el atraso y la miseria, como una de las zonas más depauperadas de España, pero la llegada de la electricidad –en los años 70– y la implantación del agua corriente –en los 80– elevaron la calidad de vida de sus habitantes.

De repente, los dos hombres que se ocultan en las sombras, obedeciendo a una señal convenida, irrumpen en la calle principal y abren fuego con sus escopetas. Los disparos son de postas, lo que significa que cada cartucho de caza contiene nueve gruesos perdigones de plomo. Las primeras en caer son las niñas Antonia y Encarnación Cabanillas Rivero, de catorce y doce años, respectivamente. Les disparan en el pecho a corta distancia, hiriéndolas de muerte. Encarna apenas puede hablar, y Antonia pide ayuda a gritos a Isabel, la otra hermana, que salva su vida arrojándose al suelo.

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Manuel Cabanillas, de 57 años, sale del bar vecino gritando: “¡Estáis locos, que las vais a matar! ¿No veis que son unas niñas?”. Acto seguido recibe los disparos que pondrán fin a su vida.

Se produce una primera descarga de cinco tiros que crea confusión, carreras y miedo en la calle. Antonio Cabanillas, de 25 años, hijo de Manuel, intenta en un primer momento hacer frente a los que disparan, pero éstos rápidamente vuelven las escopetas contra él y le alcanzan por la espalda cuando intenta ponerse a cubierto. Los impactos que recibe le dejarán para siempre en una silla de redas. Los vecinos que pueden escapar se ocultan en sus casas o se parapetan tras árboles y mesas.

Los agresores cargan sus armas y siguen disparando sobre todo lo que se mueve. Araceli Murillo Romero, de 60 años, que está sentada a la puerta de su casa, ve caer heridas a las dos niñas y sin pensarlo va hacia ellas para prestarles ayuda. Los hombres armados le disparan. Muere en el acto.

José Penco Rosales, de 43 años, primo del alcalde pedáneo, que juega a las cartas en el bar, recoge a dos de los heridos en la primera descarga y los traslada en su coche a un centro asistencial de un pueblo vecino. Cuando regresa para hacerse cargo de otras víctimas, los dos hombres que no han dejado de disparar sobre la gente del pueblo le salen al paso y, tras apuntar a los cristales del vehículo, le dan muerte.

Algunos intentan escapar del pueblo. Así, Manuel Benítez, Antonia Murillo Fernández y su cuñado, Reinaldo Benítez, suben a un automóvil. Los agresores les disparan y causan la muerte de Antonia, de 57 años, y de Reinaldo, de 62.

En medio de la calle, disparando para todos los lados, los criminales no dejan descansar sus escopetas. Algunos vecinos logran dar aviso a la Guardia Civil del puesto de la localidad vecina de Monterrubio de la Serena. Un vehículo con dos miembros de la Benemérita entra en el pueblo. Los criminales les apuntan y disparan antes de que puedan salir del automóvil. El agente Juan Antonio Fernández Trejo, de 31 años, recibe un disparo en el pecho; el agente Manuel Calero Márquez resulta herido en la pierna izquierda.
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Antes de darse a la fuga, los dos asesinos han matado a siete personas y herido a otras nueve, dos de las cuales fallecerán posteriormente. En el hospital Infanta Cristina de Badajoz ingresarán Guillermo Ojeda Sánchez, de ocho años, con un disparo en el cráneo, muy grave, en coma profundo –quedará hemipléjico–, y Andrés Ojeda Gallarde, de 36 años, herido en el pecho y en el vientre, con shock hemorrágico, muy grave. En el hospital Don Benito de Villanueva de la Serena atenderán a Isabel Garrido Dávila, de 70 años, herida en el pulmón derecho, muy grave; Vicenta Izquierdo Sánchez, herida en el brazo izquierdo, y Felicitas Benita Romero, con el impacto de un proyectil en el hombro.

Todo había ocurrido muy deprisa. El plan consistía en matar a un número indeterminado de habitantes de Puerto Hurraco. Los criminales cruzaron el pueblo descargando sus escopetas. Con los cadáveres en charcos de sangre, los heridos quejándose del dolor de sus heridas y el resto de los vecinos atemorizados, los agresores huyeron al monte cercano.

Rápidamente se organizó la caza de los fugitivos. Un fuerte dispositivo de más de doscientos agentes de la Benemérita, a pie, a caballo, en vehículos todoterreno y apoyados por un helicóptero, peinaron toda la zona. Vecinos y guardias pasaron la noche en vela. Quizá la peor de sus vidas. Sentían la amenaza de los francotiradores muy próxima.

Entrada la mañana del día siguiente se dio con los asesinos. ¿Quiénes eran aquellos desalmados? ¿Por qué mataban indiscriminadamente? Como muchos sabían ya, se trataba de Emilio (58 años) y Antonio Izquierdo (53), los hermanos Patapelás, que habían empezado por asesinar a las “niñas Cabanillas” y habían saciado sus ansias de venganza contra todo el pueblo.

Emilio fue sorprendido apostado cerca de la vivienda de dos de sus víctimas; con Antonio dio el helicóptero cuando huía monte arriba. Uno de ellos llegó a decir en su captura, aún caliente con la excitación de la sangre: “Si no me hubierais detenido, habríamos vuelto a disparar durante el entierro de los muertos”. Lo dijo como si tal cosa.

Emilio, el jefe del clan, y Antonio, el hermano menor –llamado el Tuerto porque de niño perdió un ojo (se lo destrozó un gallo a picotazos)–, los dos solteros, vivían en la localidad vecina de Monterrubio con sus hermanas Ángela y Luciana, también solteronas.

Ángela y Luciana huyeron después de la masacre y fueron localizadas cuatro días después en la madrileña estación de Atocha. Serían acusadas por el sordo clamor popular de inductoras del crimen, pero nada podría probarse. Se les descubrió una grave dolencia mental, por lo que se las recluyó en el manicomio de Mérida.

Los Patapelás, nacidos en Benquerencia, de una familia de labradores que se trasladó a Puerto Hurraco con seis hijos –tres varones y tres mujeres–, abandonaron el pueblo, resentidos y cargados de odio, cuando murió la madre, Isabel Izquierdo Caballero, que falleció el 18 de octubre de 1984, carbonizada en un extraño incendio que, según dicen algunos, fue provocado.

Isabel era una mujer fuerte, en torno a la cual giraban las vidas de sus hijos. Prueba de ello es que cinco de los seis se quedaron solteros. Sólo se casó Emilia, que reniega de la macabra herencia familiar. Emilio, su hermano homónimo, explica así la matanza: “Ya estoy tranquilo, ahora ya estoy tranquilo. Después de seis años, ya he vengado la muerte de mi madre; ahora que sufra el pueblo lo mismo que he sufrido yo durante seis años”.
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El líder indiscutible de los Patapelás hacía culpable al pueblo entero de Puerto Hurraco. Y había preparado cuidadosamente la venganza. A uno de los psiquiatras le confesó que eligió agosto porque es friolero: en invierno se le entumecen los dedos y no puede disparar.

La enemistad entre Amadeos y Patapelás había empezado treinta años antes, con Manuel, el padre de los asesinos, y el abuelo de Antonio Cabanillas, padre de las dos primeras víctimas de aquellos, por un desacuerdo sobre lindes. Continuó con los amores no correspondidos de Luciana Izquierdo por Amadeo Cabanillas, que se saldó con la muerte de Amadeo, tío de las mencionadas niñas, muerto a puñaladas por el mayor de los Izquierdo, Jerónimo, el 22 de enero de 1967.

Era tal la idea obsesiva de venganza de Jerónimo contra los Amadeos que, luego de cumplir catorce años de condena por el asesinato, apuñaló a Antonio Cabanillas, padre de las niñas muertas –”No pudo matarme y ahora me matan a mis hijas”, lloraba Antonio en el funeral–, por lo que fue ingresado en el Psiquiátrico de Mérida, donde falleció.

Tres años después de la matanza, Emilio y Antonio Izquierdo fueron condenados a 345 años de cárcel cada uno.

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Antecedentes

En el año 1967 el odio entre las dos familias se agravó cuando Luciana Izquierdo y Amadeo Cabanillas se enamoraron, amor que terminó cuando Jerónimo Izquierdo asesinó a Amadeo. Años más tarde en un incendio provocado muere Isabel Izquierdo; sus hijos Antonio y Emilio acusan a los Cabanillas del incendio. Pero no es hasta el 26 de Agosto de 1990 cuando los hermanos Antonio y Emilio Izquierdo convierten su venganza en una auténtica masacre. Sobre las diez de la noche Antonio y Emilio esperan, agazapados en la calle con sus escopetas de cazador, a sus víctimas, los Cabanillas. Dos niñas, Antonia y Encarnación Cabanillas de 14 y 12 años pasean por la calle: dos certeros disparos acaban con sus vidas. Al oir los disparos, Manuel Cabanillas de 57 años sale de un Bar cercano para también encontrar la muerte. Antonio, hijo de Manuel Cabanillas, es herido en la espalda quedando en silla de ruedas para toda la vida. Los hermanos Izquierdo han perdido el control y ya no sólo disparan a los Cabanillas, disparan a todo lo que se mueve. Una vecina del pueblo, Araceli Murillo, muere de un disparo en la puerta de su casa. Manuel y Reinaldo Benítez son asesinados cuando intentan huir en su coche. José Penco, otro vecino, es acribillado dentro de su coche cuando intentaba rescatar a varios heridos. Un coche patrulla de la Guardia Civil llega a la escena de la matanza avisado por los vecinos, los dos agentes son gravemente heridos por los hermanos Izquierdo. Los hermanos huyen al monte antes de que más agentes vengan. Más de doscientos agentes, perros, helicópteros en un despliegue sin igual, hacen una batida por el monte buscando a los Izquierdo. Emilio Izquierdo es atrapado en una casa del pueblo; Antonio es encontrado en el monte. Angela y Lucía Izquierdo, hermanas de Antonio y Emilio, son acusadas de planear la masacre, desaparecen antes de ser detenidas; la policía las encuentra días después en Madrid. Los psiquiatras dictaminaron que Angela y Lucía eran las inductoras del crimen y que sufrían grandes trastornos mentales. La matanza de los hermanos Izquierdo terminó con nueve muertos y una docena de heridos.

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Carlos Saura llevó esta crónica negra al cine.

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Estas son las notícias en televisión que se pudieron ver ese día.

 

Reconstruccion de los hechos en el rastro del crimen.

 

Fuentes:

http://www.elmundo.es

http://www.kruela.ciberanika.com

 

Más asesinos en serie de Tejiendo el Mundo

 

 

  1. …..¿a donde conduce el odio?!!!!

  2. A estas cosas, ni más ni menos.

  3. Odio alimentado durante años, pobreza espiritual más que material y enfermedades mentales. Horrible.

  4. ………………………………………
    realmente es una pena que en un lugar en donde todos se conocen y conviven siempre se den este tipo de conductas,, pero mas triste es aun que se siga viendo este tipo de crimenes muchas veces con el odio y la venganza y otras veces por la descesperacion de la prohibicion sentimetal,, verdaderamente que pena y que dios nos cuide,…
    susan
    ———————————————

  5. Acá en México lindo y asesino hay una frase que dice “pueblo chico infierno grande”…lamentablemente el hecho de que todos se conozcan entre si da paso a sufrimientos gigantescos para quienes son centro de polémicas…por que si vas a la tienda..cuchicheos y rumores…al mercado…cuchicheos y risitas…esto crea un circulo vicioso que se convierte en cierta paranoia para quienes sufren estas cosas…imaginenlo durante 30 años…si se que la mayoria de las histórias no terminan así pero bueno…alguna debía de terminar mal…ciao…ATT:ABRAXAS

    Un gusto poder dar una opinion aqui…gracias por este espacio.

    • Muy acertado ese dicho, es cierto que en los pueblos pequeños la vida es complicada, los cotilleos y los rumores siempre están a la orden del día por los asuntos más nimios. Además de que tienen mucha memoria, por aquí hay otro dicho que dice “Un perro maté y mataperros me llamaron”. Que en el entorno rural viene a significar que una situación a penas sin importancia se puede recordar durante décadas en estos pequeños nucleos poblacionales.

      Un saludo y gracias ti por expresar aquí tus opiniones sinceras.

  6. Bueno, justo esta mañana he estado hablando con mi madre y mi abuela, y justo ha salido eeste tema…

    Una de las personas muertas en esa masacre, Araceli Murillo, es sobrina de mi abuela y me han contado como vivieron los hechos y tal… y bastante duro.

    Gracias por poner todo esto, ya que me ha picado la curiosidad por saber exactamente como fueron los hechos (la memoria de una persona de 89 años puede fallar…)

    Os lo agradezco.

  7. Lamentable es esa existencia que solo sirve para aumentar el odio y la venganza,
    además en los pueblos nunca pasa nada al olvido siempre están dandole a lo mismo.
    MARÍA

  8. Armas de caza. Dicen que da muchos beneficios al estado, por tanto casos como éste sólo son daños colaterales. La cantidad de gente que conozco o he conocido con licencia de caza y su o sus correspondientes armas, con desequilibrio… digamos emocional a simple vista de quienes les conocen un poco, es una lista larga. Pero curiosamente por las probabilidades de lo que podría pasar no pasa nada. Salvo en raras ocasiones como esta y… algunas más, si bien muchas no tienen tanta resonancia como esta y otras por no haber atentado grave pasan inadvertidas al resto de la sociedad y hay casos que ni siquiera se denuncian (insisto, al no haber casos graves).
    Si al odio se le junta con un arma, el resultado nunca es bueno.
    Saludos.

  9. no puedo creer que alguien haga algo asi..

  10. CON TANTO ESTUDIO SIQUIATRICO, DEBERÍA EXISTIR ALGUN MEDIO PARA DETERMINAR ALGUNA SICOPATÍA EN INDIVIDUOS CON ANTECEDENTES DE VIOLENCIA FAMILIAR Y NO PERMITIR QUE ESTO VUELVA A OCURRIR.
    LOS SERVICIOS SOCIALES AL INSPECCIONEAR UN HOGAR Y VERIFICAR LA EXISTENCIA DE CASOS EXTREMOS: PADRES DIVORCIADOS, DROGADICCION, VIOLACIONES U OTROS, ESTAN EN LA OBLIGACION DE ABRIR EXPEDIENTES PARA SU EVALUACION PERMANENTE.
    Y ALLI LLEGAMOS A UN DILEMA: DEBEMOS MANTENER EN LA CARCEL A ESTOS MOUNSTRUOS O ELIMINARLOS?, DEBEMOS COMO SOCIEDAD COEXISTIR CON CHIKATILOS, DAHMER, HARTMANNS, FISH’S, CAMARGOS, BUNDY’S U OTROS ANIMALES?. APLICAR LA PENA DE MUERTE FRENARÁ ESTA BARBARIE? O ES QUE TENEMOS LEYES TAN POBRES QUE EN MUCHOS CASOS DAN LA RAZON A LOS CRIMINALES, Y NO PODEMOS TOMAR LA JUSTICIA EN NUESTRAS MANOS?
    SIEMPRE DIREMOS: QUE HORROR, QUE ASCO, QUE TALES TIPOS, PERO HACEMOS ALGO PARA EVITAR ESTO?
    EN MI MODESTA OPINION UN SIMPLE BALAZO EN LA SIEN, O EN LA NUCA, O EN EL CORAZON BASTARÁ PARA SENTIRNOS BIEN COMO SOCIEDAD. A LOS ANIMALES DAÑINOS SE LES MATA DE ESAS MANERA Y ESTA INMUNDICIA NO SON NI HUMANOS NI FORMAN PARTE DE NUESTRA SOCIEDAD
    SALUDOS

  11. En realidad Puerto Hurraco es bastante más grande: en concreto limita al norte con el mar Cantábrico y con los montes Pirineos; al oeste con Portugal; al este con el mar Mediterraneo, y tiene 17 suburbios autonómicos, en los que vaga errante la sombra de Caín

  12. En San Jeronimo de Juarez, Estado de Guerrero, en México, pasó algo parecido, solo que ahí fue un solo sujeto, drogado, y me sorprende, porque parece una copia al carbón de los sucesos de esa noche, como si ese sujeto hubiese leido esto. Causó mucha conmoción.

  13. Qué pena que siempre tenga que haber un comentario fuera de lugar como el de Joaquín. Lástima.


One Trackback/Pingback

  1. [...] LOS HERMANOS IZQUIERDO DE PUERTO HURRACO [...]

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